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jueves, 27 de noviembre de 2014

Tiroidectomía

La entrada de hoy va a ser sobre la extirpación de la glándula tiroides. 


¿Qué es la tiroides?

La tiroides es una glándula con forma de mariposa que se sitúa en la base del cuello, por delante de la laringe y justo por debajo del cartílago cricoides.
Es una glándula endocrina, es decir, segrega sustancias hacia el interior del cuerpo, a través de la sangre y la linfa.
Debido a sus funciones, muchos expertos consideran a la tiroides la glándula metabólica.
La glándula tiroides se compone de dos lóbulos (derecho e izquierdo) unidos por un istmo. Cada lóbulo se sitúa a un lado de la tráquea.
Cabe destacar también que justo por detrás de la glándula tiroides se sitúan las paratiroides, cuya función principal es el metabolismo del calcio.

¿Qué es la tiroidectomía? ¿Qué nombre recibe dependiendo de la parte que se extirpa?

Definimos tiroidectomía como la extirpación (-ectomía) total o parcial de la tiroides. Hay que tener especial cuidado con las arterias que irrigan dicha glándula y con el nervio recurrente laríngeo, encargado del movimiento de las cuerdas vocales.
Si la extirpación es total, se denomina tiroidectomía total. Si sólo se extrae la mitad de la glándula, es decir, uno de los lóbulos y el istmo central, se pasa a llamar hemitiroidectomía. Si tras realizar una hemitiroidectomía fuera necesario extraer el resto de la glándula, se llamaría tiroidectomía totalizadora o de compleción. 
Sin embargo, si se decide extirpar la totalidad de la glándula exceptuando una pequeña parte (inferior a un gramo), pasa a llamarse tiroidectomía casi total. Este último caso se emplea para dejar en el organismo el nervio recurrente y una de las glándulas paratiroides. 
Si extirpamos una cantidad menor a la que queda en el organismo, la llamaremos tiroidectomía subtotal.

¿De qué depende el tipo de tiroidectomía que se practica?

Depende principalmente del cirujano, tanto de su valoración personal de la situación del paciente como de su experiencia a la hora de realizar dicha intervención. 
En casos de cáncer diagnosticado, la tiroidectomía debe ser total o casi total, siendo preferible la total. Si la operación es por otras enfermedades o por nódulos que están presentes, se extirpa sólo una parte: hemitiroidectomía o tiroidectomía subtotal.
Es frecuente realizar la tiroidectomía total en casos en los que la glándula no permita la deglución o inhalación debido a su agrandamiento (bocio). También se realiza en personas cuya enfermedad tiroidea no hubiera respondido al tratamiento farmacológico previo y cause algún desorden en la salud del paciente. Se realiza en casos en los que el hipertiroidismo no pueda ser controlado con medicamentos o que se detecte en niños y embarazadas. Es imprescindible en pacientes con tumores cancerosos y no cancerosos.

¿Cómo se realiza?

La tiroidectomía es un tipo de cirugía que se realiza bajo anestesia general. Tras su administración, es el anestesista el que intuba al paciente para proporcionarle la ventilación adecuada durante la intervención.
Cuando la anestesia hizo efecto, el cirujano hace una incisión de 3 a 6 cm en la parte anterior del cuello. Posteriormente, localiza las glándulas paratiroides, los nervios recurrentes laríngeos y las estructuras circundantes a la glándula tiroides.
El siguiente paso es controlar que el suministro de sangre sea correcto e identificar la parte de la glándula que debe ser extirpada. 
Tras su extirpación, se sutura o se grapa la incisión y se coloca un apósito recubriéndola y recubriendo al drenaje si lo hubiera.
El resultado estético final se verá entre los 6 a 12 meses tras la operación.

Riesgos de la cirugía

Al ser una intervención en la cual hay numerosas estructuras adyacentes que son delicadas, la mayoría de las complicaciones tienen que ver con el daño de alguna de estas estructuras.
La complicación relacionada con la anestesia general es común en aquellas personas que son obesas, con mala dieta o con hábitos tabáquicos. 
El riesgo más lógico será el hipotiroidismo tras la operación. Los pacientes cuya extirpación haya sido total, tendrán que recibir fármacos para suplir la función endocrina de la tiroides. Sin embargo, si el procedimiento se prolonga, se puede dar una subida masiva de los niveles de hormonas tiroideas en sangre.
Otra complicación muy común es la ronquera o disfonía (pérdida de voz) por la afectación de los nervios recurrentes durante el procedimiento. Las personas más susceptibles a esta complicación son las personas con tumores cancerosos o con bocio grande.
Otro riesgo es el hipoparatiroidismo, disminución del funcionamiento de la glándula paratiroides. Este puede darse bien por la herida de alguna de las paratiroides o por la extirpación de alguna de ellas durante la cirugía. El problema asociado a este daño es la hipocalcemia, debido a la disminución de la secreción de calcio por estas glándulas. La hipocalcemia resulta en calambres musculares y espasmos.
La complicación más temida por el cirujano y el paciente es la aparición de sangrado ya que este puede ser difícil de controlar, pudiendo provocar obstrucción en las vías respiratorias si esta sangre va a los pulmones o un hematoma cervical postoperatorio si el sangrado aparece tras la operación.
Por último, la complicación común a cualquiera cirugía es la infección.

Evolución normal

La recuperación es muy rápida. La mayoría de los pacientes operados ya se les da el alta al día siguiente de la operación, rara vez la estancia es de 3 días o más. Para recibir el alta el paciente debió ser capaz de beber agua. El dolor postquirúrgico es mínimo y no suele durar más de 2 días.
La recuperación total de la vida normal es de 2 a 4 semanas. 
Para muchos de los pacientes será necesario tomar suplementos hormonales de por vida para suplir la función de la glándula. Aquellos que hayan sido tratados debido a un tumor canceroso, deberán hacer revisiones periódicas con su oncólogo para controlar cualquier recidiva posible.
La expectativa en tiroidectomías parciales es muy buena, el 90-95% de los pacientes recupera la función tiroidea normal.

Mortalidad

La mortalidad por tiroidectomía es nula aunque si se dan casos de mortalidad por tormenta tiroidea. 
La tormenta tiroidea es una emergencia médica que debe ser tratada lo antes posible. Se caracteriza por fiebre, debilidad y atrofia de los músculos, hepatomegalia (agrandamiento anormal del hígado), agitación, cambios de humor, cambios en el estado mental y en raros casos coma. La incidencia de esta patología en casos de tiroidectomía es baja: del 20 al 30%.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Miopía

¿Estas harto de usar gafas del grosor de Hans el Topo? ¿Cansado de no poder ver las películas en 3D cómodamente por tener las gafas puestas? ¿Las lentillas no son lo tuyo? Pues estás de suerte porque hoy el post va de: OPERACIÓN LÁSER PARA LA ELIMINACIÓN DE LA MIOPÍA.

¿Qué es la miopía?

Los rayos de luz llegan paralelos al ojo. Al atravesarlo, la córnea y el cristalino actúan como lentes refractoras, es decir, enfocan la imagen para que estos rayos de luz se crucen justo en la retina. Si los rayos se cruzan antes, decimos que hay miopía y las imágenes se verán borrosas. 

Protocolo de actuación preoperatoria

Antes de comenzar con la intervención es necesario realizar una serie de pruebas: medida de la presión ocular, prueba de agudeza visual, prueba de refracción, topografía corneal, pupilometría, examen del fondo del ojo, examen biomicroscópico de la parte externa del ojo (córnea, párpado, iris, cristalino...) y la medición del grosor de la córnea (paquimetría corneal).

¿En que consiste la cirugía?

La operación se realiza, generalmente, mediante la técnica por láser LASIK aunque también existen otras técnicas. La técnica que se utilizará en la operación la decide el oftalmólogo y dependerá de las características del paciente.
El primer paso a seguir para la cirugía será retirar la capa superficial de la córnea con ayuda o bien de una cuchilla especial (microquerátomo) o por medio de un láser especial. 
Tras retirar dicha capa, se comenzará con la remodelación de la córnea (generalmente se hace un "pulido") mediante los rayos ultravioleta que emite el láser LASIK.
El último paso para terminar, es volver a colocar la lámina de córnea en su sitio.
El tiempo medio de duración de la cirugía es de 15 minutos por ojo.
Para una mejor explicación del procedimiento, vean el siguiente vídeo:


¿Soy apto para la cirugía de eliminación de la miopía?

Los pacientes que se vayan a someter a este tipo de intervención deberán reunir los siguientes requisitos:
  • Tener más de 18 años (21 en algún caso, dependiendo del láser que se utilice)
  • No estar embarazada o amamantando, ya que los resultados pueden no ser satisfactorios.
  • No estar bajo tratamiento farmacológico con cierto tipo de medicamentos.
  • Tener un período mínimo de estabilización de la miopía de dos años.
  • Tener buen estado de salud general. La cirugía no es recomendable para pacientes diabéticos, con artritis reumatoidea, lupus, glaucoma, infecciones herpéticas del ojo o cataratas. Se debe consultar al cirujano en caso de poseer alguna de estas enfermedades.
  • Tener buena agudeza visual previa.
  • No superar las 15 dioptrías de miopía.

¿Es doloroso?

Para operarse de miopía mediante láser es necesario aplicar una anestesia tópica en forma de colirio en la superficie del ojo. Por lo tanto el paciente no tendrá dolor durante el procedimiento. Lo que sí se puede presentar es alguna molestia en los párpados debido al blefarostato o speculum (herramienta médica para mantener los ojos abiertos). También es común sentir presión durante la operación.

¿Qué complicaciones se presentan? ¿Puedo quedarme ciego?

Las complicaciones que se presentan tras este tipo de cirugía son mínimas. Aún así puede aparecer sensibilidad a la luz, deslumbramiento, visión doble o sequedad ocular. Estos efectos secundarios suelen desaparecer a la semana, aunque más raramente se prolongarán hasta las seis semanas. A veces también se puede producir hipercorrección o hipocorrección, lo cual requiere una segunda operación para retocar el grosor de la córnea.
Las complicaciones más infrecuentes de esta cirugía son: complicaciones mecánicas a la hora de cortar la córnea, infecciones, dislocación de la lámina corneal debido a traumatismos como el frotamiento, crecimiento de tejido epitelial bajo la lámina o engrosamiento de la córnea (ectasia corneal). Estos efectos secundarios son reversibles y en muchos casos dependen de las características del paciente.
No se ha registrado ningún caso de ceguera y a día de hoy, está casi completamente demostrado que la cirugía no provoca ceguera.

¿Cuándo puedo retomar mi vida habitual?

La mayoría de pacientes podrán retomar su vida habitual al día siguiente de la operación. La visión se recupera en un 90% y no existen molestias.
Hay algunos ámbitos de la vida cotidiana que no se podrán realizar hasta pasada una semana, como por ejemplo conducir. Así mismo, aquellos pacientes que tengan trabajos con alto riesgo de traumatismos o que practiquen deportes con las mismas características, será conveniente esperar 3 meses hasta su incorporación.
Los profesionales también recomiendan evitar deportes como la natación, las bañeras de hidromasajes y ciertos productos como lociones, cremas o maquillaje durante las primeras semanas postoperatorias.

¿Cuanto tiempo durará la corrección?

La corrección suele ser de por vida, se verán casos fallidos de la operación en el 20% de las embarazadas. Aunque sí necesitarán gafas de cerca los pacientes que tengan la edad de 45 años o más en el momento de la intervención, al cumplir los 45 años aproximadamente o si ya se utilizaban dos pares de gafas (de lejos y de cerca), cristales bifocales, progresivos o si se deben retirar las gafas de lejos para ver. Esto no es debido a la regresión de la miopía, sino a la presbicia o vista cansada.

Cuidados postquirúrgicos

Se debe realizar una revisión con el doctor al día siguiente de la cirugía, otra a la semana, otra tras 6 semanas y una última tras 6 meses si fuera necesaria. El paciente por su parte, aplicará gotas durante las primeras 6 semanas tras la operación, siendo recomendable utilizar colirios de lágrimas artificiales los meses siguientes.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Material para cirugía

En esta nueva entrada vamos a hablar sobre los materiales que se usan para llevar a cabo una cirugía general. Podemos hacer varias clasificaciones según las funciones de cada instrumento así pueden ser: grandes o pequeños, cortos o largos, filos o romos, rectos o curvilíneos.

Instrumentos de corte y disección

Sus bordes van a ser filosos y se van a usar para cortar, extirpar y separar. Hay que tener mucho cuidado con los bordes.
Bisturies: Suelen tener una parte desechable, que sería la hoja para cortar, y otra que se puede volver a utilizar, que sería el mango. Se puede usar para: cortar, abrir un abceso o drenar una cavidad y para hacer pequeñas amputaciones o desarticulaciones.
Cuchillete: Se usa sobre todo para grandes desarticulaciones y amputaciones.
Tijeras: Encontramos muchos tipos diferentes de tijeras que varían según su finalidad, así, sus hojas pueden ser rectas, en ángulo, curvas y con las puntas romas o puntiagudas. En cambio los mangos pueden ser solamente cortos o largos.
  • Tijeras de disección: Dentro de estas volvemos a encontrar una gran variedad. Pueden ser grandes para tejidos duros, con ángulo para alcanzar estructuras, con mangos largos para cavidades corporales profundas y con hojas filosas.
  • Tijeras de apósitos: Se utilizan para cortar drenajes y apósitos y para abrir paquetes u otros materiales. Tendríamos por ejemplo la tijera de Missenbaum o las de Nelson.
  • Tijeras de hilo: Tienen puntas romas y se usan también para preparar material de sutura. Por ejemplo las tijeras de Mayo.
Pinzas:  Su función es la de asegurar la presión del tejido al cerrarse. En caso de que estemos suturando su objetivo será el de mantener fija la aguja  de sutura. Las partes de la pinza son las que veríamos en la siguiente imagen.


Encontramos también muchos tipos de pinzas como son:
  •  Pinzas de sostén y toma.
  • Pinzas lisas: También llamadas pinzas torpes. Son escalonadas. Tienen unas muescas en la punta. Pueden ser rectas o en ángulo pero también cortas o largas, pequeñas o grandes. 
  • Pinzas dentadas: Nos proporcionan un sostén estable en los tejidos duros y en la piel. Tienen un solo diente de un lado que encaja en los del lado contrario.
  • Pinzas de Allis: Se usa para coger estructuras, sostener los bordes de la piel y vísceras huecas sin causarles daños. Tiene ramas ligeramente curvas con una línea de dientes al final que permite sostener el tejido.
  • Pinzas de Babcock: Tienen la misma función que las de Allis. El final de cada rama es redonda y fenestrada.
  • Pinzas hemostáticas: Se utilizan para aplicar presión. Tienen dos partes prensiles en las ramas con estrías opuestas. Se usan, como su nombre indica, para ocluir vasos sanguíneos. Podemos destacar las pinzas de Kelly, las de Rochester y las de Kocher.
  • Pinzas de Mixter: Parecidas a las hemostáticas pero con ramas más delgadas y largas. La extremidad es fina y con una curva acentuada. Permite la disección en regiones profundas y se usa para aislar pedículos y también como pasahilos en el caso de que estemos suturando.
  • Pinza de Anillos o portatorundas: Se usan para desinfectar, fijar la vesícula biliar y para la disección de tejidos con una torunda. Son largas, con ramas que terminan en forma de anillo. Las caras contrapuestas están ranuradas.

Instrumentos de exposición y retracción

Estos se utilizan para retraer músculos, tejidos blandos y otras estructuras para la exposición del sitio quirúrgico.
Los materiales que encontramos dentro de este grupo son:
Porta agujas: Tiene forma de alicate. Las mandíbulas son aplanadas y ranuradas. Se utilizan para coser y en este caso el porta agujas debe ir en sintonía con la aguja que vamos a utilizar. Ejemplo de este instrumento serían el porta agujas de Mayo y el porta agujas de diamante.
Agujas: Pueden tener muchas variable. Por ejemplo pueden ser con filo, sin filo, curvas, rectas, desechables o reutilizables. Existen agujas que ya vienen enhebradas o atraumáticas, que normalmente se usan  en cirugía vascular y del tubo digestivo. Las agujas se designan por números.
Retractor manual:  Constan de una hoja, que puede ser de varios tipos y un mango. Se usan en pares. Algunos de los más conocidos son:
  •    Separadores de Farabeuf.
  •    Separador de Balfour.
  •    Retractor costal de Sauerbruch.
Sonda acanalada: Se usa para dar puntos y proteger tejido subyacente.
Compresas: Pueden ser grandes, que se usarían para las cirugías de vientre, o pequeñas. Hay que destacar que siempre se deben ir contando las compresas que se van utilizando y las que se van extrayendo para que no quede ninguna dentro del paciente. También es necesario contar los instrumentos.



Para finalizar debemos aclarar que cada operación precisa de unos materiales específicos y que hay muchísimas variedades de todos ellos.
Para más información visite Material para Cirugías

¿Operación?

¿De dónde viene la palabra operación?

Todos, a lo largo de nuestra vida, hemos oído hablar en algún momento de la palabra operación. Pero para saber lo que significa, primero tenemos que saber de dónde procede esa palabra.
Las operaciones o intervenciones quirúrgicas son parte de la disciplina de la cirugía. Cirugía proviene originariamente de la palabra griega χειρουργία que significaba "trabajo de manos, actuación con las manos". Pero fue en el siglo I a.C. cuando la palabra cirugía llegó a Roma, donde pasó a llamarse chīrurgia.


¿Qué significa?

La RAE define la palabra cirugía como: "la parte de la medicina que tiene por objeto curar las enfermedades por medio de la operación". Por lo tanto, entendemos operación como todo procedimiento quirúrgico que, mediante la utilización de materiales adecuados, tiene un fin reparador, terapéutico o paliativo.
Para que podamos hablar de intervención quirúrgica, en necesario que exista un daño en la continuidad cutánea, es decir, una herida quirúrgica.

¿Cómo clasificamos las intervenciones quirúrgicas?

Las intervenciones quirúrgicas podemos clasificarlas según su localización, su extensión o su propósito.
Según su localización las clasificamos en: externas, si abarcan la piel y las estructuras subyacentes; o en internas si implican un mayor plano de profundidad, aunque no exista cicatriz externa visible. También podemos clasificarlas por la localización dependiendo del sistema al que afecten.
Según su extensión diferenciamos: la cirugía menor, es simple y no suele presentar complicaciones; y la cirugía mayor, es compleja y puede complicarse hasta incluso llegar a producir la muerte.
Según su propósito las intervenciones quirúrgicas se dividen en: curativas, si pretenden eliminar el problema; reparadoras, si se utilizan para reforzar partes afectadas o corregirlas; paliativas, si su fin es calmar los síntomas que provoca la enfermedad, pero sin eliminarla; y cosméticas, si el propósito es mejorar la estética.

¿Estoy en riesgo?

Toda intervención quirúrgica implica un riesgo, pero este puede ser mayor o menor dependiendo de factores como la complejidad del procedimiento, las características del paciente o la localización anatómica de la operación.
Para valorar el riesgo que existe, utilizamos escalas. Las más conocidas y utilizadas son: la clasificaciónb de la ASA (American Society of Anesthesiologists), la clasificación de Mannhein o la PSA (patient, surgery, anesthesia).